domingo, 26 de junio de 2011

El feismo

A partir de 1960, la aparición de nuevos materiales baratos y llamativos supone un serio revés para la elegancia y armonía de nuestras tiendas, en lo que a veces parece una feroz competencia para ver quién consigue el comercio más espantoso.


Por otra parte, la desaparición de las escuelas gremiales hace que se reduzca el número de buenos artesanos (ebanistas, marmolistas, vidrieros, herreros, pintores, ceramistas…) capaces de realizar una decoración de calidad hecha con materiales nobles.

Los rótulos de plástico iluminados sustituyen a los bellos rótulos de cristal pintado o bronce. Las hermosas puertas de buena madera dan paso a los horrendos cierres metálicos de persiana, que para más inri, siempre están “decorados” con pintarrajos. Los zócalos de mármol pasan a ser de cemento. Los suelos hidráulicos o de buen parquet devienen en simples baldosas de cerámica. Para colmo, una incomprensible tolerancia con el vandalismo hace que las fachadas de los comercios tradicionales permanezcan cubiertas de pintadas de la peor especie, aliñadas con una pátina de pegatinas y carteles publicitarios.

El hecho de que algunas figuras jurídicas como la multirreincidencia no estén debidamente legisladas, hace que algunos comercios se protejan contra los robos con toda clase de cierres, bolardos, cámaras y alarmas que contribuyen a este afeamiento.

No terminan ahí los males estéticos de nuestro patrimonio cultural comercial. Los antiguos bazares y ultramarinos han sido sustituidos por la instalación masiva de tiendas de conveniencia y “todo a cien”, la mayoría de ellas fuera de toda norma estética.

Pese a tan lamentable panorama general, también se nota desde los inicios del siglo XXI una tendencia hacia el diseño de calidad incorporando las nuevas teorías y gustos en la materia. Aunque minoritarios, los establecimientos de buen diseño contemporáneo contribuyen a devolver a nuestras calles el aspecto de ciudad bella y elegante que distinguió a Madrid en la época dorada del comercio. Fomentando el buen diseño actual de calidad y respetando los comercios históricos, Madrid podría empezar a recorrer de nuevo el camino que la hizo un día ser el espejo del mejor comercio nacional y parte del buen comercio europeo de primer nivel.

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